domingo, 26 de julio de 2009

Ella


No habrá nada más fuerte y profundo que la mirada de una madre, sus besos en tus mejillas, sus manos a temperatura ambiente dispuestas a colaborar con mejorar tu día...

La energía, la compasión, la empatía, sin más su entrega total; todos sus actos reflejan la calidad humana de la cual está hecha... La gracia de Dios en su fe, la dolorosa lucha contra lo que cree que está mal en tí. Sus cálidos consejos, inclusive hasta sus suaves pero amargas lágrimas, esas que sólo puede derramar por tu bien...

No dejes que siga en tu vida sin entregarle la tuya, que camine sin saber que tu mano está siempre cogiendo mariposas para ver sus ojos brillar y llenarse de felicidad. 

No dejes pasar un día sin hacerla sonreír, sin conseguir que llene su corazón con un poco de tu amor, no seas egoísta, su vida casi vale más que la tuya, ella colaboró con Dios gustosamente para que tu existieras....

Ámala y hazla tan feliz como puedas...


El cielo que habita en la tierra...


¿Cómo fue que te ví y no pude descubrir el encanto que me presentaban tus miradas? Después de hechizarme con tus detalles, las palabras que aún no descifro por completo, están adheridas en el libro que describe mi corazón...

Pasan los días y yo siento más y pienso menos... Estar contigo es ver el cielo parada en la tierra, tomada de tus manos... Es encontrar amaneceres en la obscuridad, estrellas fugaces en una noche de lluvia infernal.

Habitar en tu corazón sería como ahogarme en una lluvia de pétalos de rosas, con perfumes exquisitos y nunca más querer volver a la tierra pizar... 

El humilde rostro de la felicidad


Niños! Primos, hermanos, primos hermanos, vecinos; almas jóvenes que sonríen sin pretextos, que no tienen mayor excusa para la vida que el aceptarla tal cual y demostrarle a esas almas frías y grises, que dentro llevan un principio universal que los resguarda y reconforta en todo momento. 

Sin darse cuenta en sus ojos habita el brillo que al mundo le falta de noche cuando tan sólo se pueden vislumbrar botellas, humo y fantasía... No hace falta ser especial para fotografiarlos, pero sí estar agradecido para disfrutarlos.

¿Quién mejor para alegrarnos el mundo que los niños? Cada vez que tengo un niño como estos a la par, me siento más dichosa de vivir la vida que tengo, segura de los pasos que doy, sorprendida de la luz que veo y llena del amor que encuentro...